Propósito sugerido:
“Acepto y coopero
con lo inevitable”
La luna llena tiene numerosos impactos en nuestra vida.
Ella puede aportar una revelación y alumbrar tu camino, también te permite clarificar conceptos, orientarte y reaccionar de manera inteligente ante diferentes situaciones. Es un excelente momento para poner en marcha nuestros propósitos, gracias a su poderosa energía.
También está relacionada con la valoración de nuestras potencialidades. Sobre todo, en las que nos posibilitan estar atentos a nuestro protagonismo, y nos enseña a valorar nuestro desempeño diario dándote una ventana de oportunidad única para instaurar en tu vida posibilidades de empoderamiento, felicidad y plenitud a nivel más profundo.
Un día Tsin Shih le preguntó a su maestro cual era el secreto de su imperturbable serenidad, a lo que este respondió:
"Cooperar incondicionalmente con lo inevitable".
"Cooperar incondicionalmente con lo inevitable".
La vida nos enfrenta todo el tiempo a situaciones impredecibles, que a veces ni los más experimentados pronosticadores pueden anticipar.
En general estas son situaciones que no queremos, que no esperamos, y ahí es donde se origina el sufrimiento y la desestabilización.
Es en el momento que no aceptamos lo que nos pasa cuando comenzamos a sufrir el desgaste emocional y el sufrimiento que esto conlleva.
Una catástrofe, la pérdida de personas queridas, una pérdida económica o una ruptura sentimental son claros ejemplos del origen del sufrimiento.
En todas las situaciones, nuestra mente se resiste a aceptarlo.
¿Qué ocurrió? Lo que pasó es que nuestro ego tomó el control, y es momento entonces de facilitar el protagonismo del corazón, del alma, por sobre el de la mente.
Aceptar los hechos que "creemos" que no podemos controlar es parte de elevar nuestra energía y aprender que la aceptación, no es resignación.
Aceptar es interpretar que es parte de la vida tener momentos duros que nos llevan a aprender algo.
Cuanto más rápido nos adaptamos a una circunstancia menos sufrimos, no hablamos de ser indiferentes, o que nos resignemos como ovejas.
Hablamos de gestionar nuestro estado emocional de forma tal que abramos posibilidades, en lugar de cerrarlas. Que busquemos nuestro protagonismo.
Aceptar significa no resistirnos. Entender que cada situación tiene una explicación, que todas las cosas pasan por un "para qué" y dentro del mediano o largo plazo son siempre a nuestro favor. Es parte de comprender que la vida no te coloca situaciones para castigarte, sino para aprender algo, entender, crecer y luego seguir avanzando. Pero esto requiere que primero aceptes lo que te sucede. Esto es una actitud de madurez, de crecimiento espiritual y humano.
Un refrán dice "Dios sabe cómo hace sus cosas" y está referido a que en general las cosas que nos ocurren no son cuando nosotros queremos sino cuando es el momento indicado. Esos momentos rara vez ocurren automáticamente y a nuestro antojo, pero si analizas tus circunstancias en retrospectiva, deberás reconocer, luego de la crisis y con una mente clara, el beneficio final de todos los acontecimientos.
No sufras, acepta, coopera con lo inevitable y la sabiduría llegará a ti para que puedas entender, aprender y adaptarte a lo nuevo.
Todo tiene una razón de ser, solo con amor y paciencia vas a poder comprenderlo todo.
En general estas son situaciones que no queremos, que no esperamos, y ahí es donde se origina el sufrimiento y la desestabilización.
Es en el momento que no aceptamos lo que nos pasa cuando comenzamos a sufrir el desgaste emocional y el sufrimiento que esto conlleva.
Una catástrofe, la pérdida de personas queridas, una pérdida económica o una ruptura sentimental son claros ejemplos del origen del sufrimiento.
En todas las situaciones, nuestra mente se resiste a aceptarlo.
¿Qué ocurrió? Lo que pasó es que nuestro ego tomó el control, y es momento entonces de facilitar el protagonismo del corazón, del alma, por sobre el de la mente.
Aceptar los hechos que "creemos" que no podemos controlar es parte de elevar nuestra energía y aprender que la aceptación, no es resignación.
Aceptar es interpretar que es parte de la vida tener momentos duros que nos llevan a aprender algo.
Cuanto más rápido nos adaptamos a una circunstancia menos sufrimos, no hablamos de ser indiferentes, o que nos resignemos como ovejas.
Hablamos de gestionar nuestro estado emocional de forma tal que abramos posibilidades, en lugar de cerrarlas. Que busquemos nuestro protagonismo.
Aceptar significa no resistirnos. Entender que cada situación tiene una explicación, que todas las cosas pasan por un "para qué" y dentro del mediano o largo plazo son siempre a nuestro favor. Es parte de comprender que la vida no te coloca situaciones para castigarte, sino para aprender algo, entender, crecer y luego seguir avanzando. Pero esto requiere que primero aceptes lo que te sucede. Esto es una actitud de madurez, de crecimiento espiritual y humano.
Un refrán dice "Dios sabe cómo hace sus cosas" y está referido a que en general las cosas que nos ocurren no son cuando nosotros queremos sino cuando es el momento indicado. Esos momentos rara vez ocurren automáticamente y a nuestro antojo, pero si analizas tus circunstancias en retrospectiva, deberás reconocer, luego de la crisis y con una mente clara, el beneficio final de todos los acontecimientos.
No sufras, acepta, coopera con lo inevitable y la sabiduría llegará a ti para que puedas entender, aprender y adaptarte a lo nuevo.
Todo tiene una razón de ser, solo con amor y paciencia vas a poder comprenderlo todo.
El desafío entonces y de allí nuestro propósito es:
Aceptar y cooperar con lo inevitable, gestionando nuestras emociones y conectándonos con nuestro protagonismo, en lugar de nuestra victimización…
La propuesta es efectuar nuestra meditación de luna llena de febrero a la luz del séptimo principio de Agartam: “OPTIMISMO”:
“Impulsamos la capacidad de tomar la Vida como el más maravilloso conjunto de experiencias que nos acercan a nosotros mismos y a Ser. Fomentar la disposición de AMAR la Vida en sus propios términos. La Vida no es, salvo lo que nosotros decidamos que sea. En este mundo ilusorio, de manera inevitable, tarde o temprano el ego perderá su fuerza y dará paso a la única verdad: la supremacía del Amor y la Divinidad por encima de todas las cosas. Incluso la dualidad está al servicio de la Luz. Nuestra tarea es llevar luz a los rincones de las sombras aún no trabajadas, tanto propias como ajenas”

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